Por: Nélida López Pinto
Idealmente, se entiende por evaluación al proceso
dinámico a través del cual, una empresa, organización o institución académica
puede conocer sus propios rendimientos, especialmente sus logros y flaquezas y
así reorientar propuestas o bien focalizarse en aquellos resultados positivos
para hacerlos aún más eficientes.
Aunque históricamente, la evaluación surgió como
una herramienta de control, para que a través de ella los establecimientos de
enseñanza no solamente controlen el aprendizaje de sus alumnos, sino que además,
a través de los directivos ejerzan cuidado y control sobre la tarea que
realizan los maestros. Es decir de ambos sujetos principales de un centro
educativo que son protagonistas de este proceso.
Últimamente se está intentando modificar esta
percepción de la evaluación y se pretende reforzar el análisis más profundo de
las posibilidades y características individuales de cada persona, para poder de
esta manera atender y subsanar puntos débiles que se pueden presentar en el
proceso de aprendizaje y de este modo lograr que la evaluación además de darnos
un número, permita al estudiante o al maestro pasar de grado o posicionarse
mejor en su carrera.
De acuerdo a la Nueva Ley de Educación en Bolivia
070 Aveliño Siñani Elizardo Perez la Evaluación de la enseñanza y aprendizajes
del desarrollo curricular “es el proceso de análisis y valoración de la
formación integral y holística de las y los estudiantes y la aplicación de
metodologías de maestras y maestros en el marco del modelo educativo
sociocomunitario productivo, que permite a la comunidad educativa identificar
logros, limitaciones y dificultades en los procesos educativos a partir de la
comprensión, reflexión y el diálogo para la toma de decisiones mediante
acciones dinámicas, permanentes y sistemáticas, orientando y reorientando
oportunamente la práctica pedagógica”.
Como vemos, este último concepto se refiere a la
formación integral y holística de los estudiantes y a las metodologías de los
maestros y maestras; luego está la comunidad educativa que junto a los
anteriores deberán identificar logros, limitaciones y dificultades, lo que
supone un trabajo conjunto para la toma de decisiones y en caso necesario
reorientar la práctica pedagógica.
Si bien esta propuesta asume como protagonistas no
sólo a los/las estudiantes y maestros(as), sino también a la comunidad
educativa, se debe tener en cuenta la predisponibilidad de estos tres sujetos
para el trabajo conjunto propuesto.
El tema de la evaluación es algo que está pesando gran
parte del sistema educativo actual. Actualmente no se tiene demasiado claro el
tipo de evaluación que se está realizando en la mayoría de los centros
educativos en nuestro país. Si bien es cierto que el tema de evaluación debe
ser reformulado contando con todos los actores del sistema: docentes,
estudiantes y comunidad especialmente, debe serlo desde muchas ópticas. Entendiendo
de que hay algo que no funciona.
Cada fin de año, nos encontramos con casos de
estudiantes “retenidos”, ¿Usamos la evaluación como filtro? ¿Usamos la
evaluación para clasificar a los alumnos entre buenos, regulares y malos?
¿Evaluamos a los evaluadores? ¿Se continúa aplicando en las escuelas la
denominada evaluación objetiva? ¿Qué estrategias empleas las escuelas para la
incorporación de la comunidad en este proceso?
Reflexionar sobre estos temas se hace
imprescindible. Evaluación sí pero, ¿cómo, cuándo y dónde? Y la gran pregunta…
¿para qué?
Se dice a voz en cuello “para lograr el desarrollo
del país”, “para que la persona alcance sus objetivos”, “para que pueda mejorar
su rendimiento académico en cursos superiores”; empero actualmente el acceso al
conocimiento
y a determinadas competencias
no se lo logra sólo en las escuelas…Sin embargo son esto son los únicos
valederos para el acceso a una formación superior.
Queda en manos de los profesores semejante
responsabilidad, la del futuro no de uno, sino de muchas personas que son
verdaderamente el presente y futuro de nuestro país. Ésta es sin duda una gran
tarea de difíciles acuerdos, pero indudablemente un desafío al que como
educadores debemos estar abiertos, abiertos al debate, especialmente con la
comunidad.
La evaluación tiene connotaciones ideológicas de
cada uno de los sujetos que intervienen en ella, tiene connotación social
porque se relaciona con la promoción
o retención asociada a fracaso escolar y deserción,
tiene connotación pedagógica porque tiene peso en la conducta
de los diferentes actores sociales involucrados, en nuestro contexto se
continúa con la precepción de “intromisión” de los padres, en lugar de
“participación”, la evaluación tiene connotación técnica, al analizar los instrumentos,
pruebas y estrategias de evaluación que muchas veces condicionan el resultado
final, que afecta o es influenciado, sin lugar a dudas, por las demás
connotaciones y finalmente tiene una connotación ética ya que implica valorar y
tomar decisiones que impactan directamente en la vida de los otros.
Un verdadero proceso de evaluación implica una
práctica cotidiana que realizan todos y afecta a la institución en su conjunto,
no para sancionar y controlar sino para mejorar y potenciar el desarrollo
de sus miembros. De esta manera, la evaluación ya no puede reducirse a una actividad
exclusiva de los docentes, se requiere de un proceso crítico reflexivo sobre
las acciones
que se realizan conjuntamente con los propósitos que se persiguen: ¿qué se
pretende?, ¿cómo se realiza?, ¿qué efectos tiene?, ¿qué papel asumen los
evaluadores?, etc. La evaluación siempre será un proceso y nunca un fin.
BIBLIOGRAFIA
Reglamento de Evaluación del Desarrollo Curricular
http://eticayfonoaudiologia2013.blogspot.com.es
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